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viernes, 14 de octubre de 2011

Los crímenes de Laura: Un hombre malvado.


Los crímenes de Laura:
 Un hombre malvado.

Nivel de violencia: Extremo

Aviso a navegantes: La serie “Los crímenes de Laura” contiene algunos fragmentos con mucha violencia explicita. Estos relatos conforman una historia muy oscura y puede resultar desagradable a los lectores. Por lo tanto todos los relatos llevarán un aviso con el nivel de violencia:

-Nivel de violencia bajo: El relato no contiene más violencia de la que puede ser normal en un relato cualquiera.
-Nivel de violencia moderado: El relato es duro y puede ser desagradable para gente sensible.
-Nivel de violencia extremo: El relato contiene gran cantidad de violencia explicita, sólo apto para gente con buen estomago.



Bianca abrió los ojos y parpadeó varias veces hasta que sus ojos se acostumbraron a la poca luz penumbrosa que la deslumbraba. Le dolía la cabeza, tenía el cuerpo en una posición incomoda y notaba la boca pastosa. Intentó mover sus entumecidas extremidades y se sorprendió al descubrir que no estaba en su cama, si no sobre una superficie dura y fría. Pensó que se habría caído durante la noche y que debía estar sobre el suelo de su habitación. Pero eso no explicaba la desagradable sensación que sentía en todo el cuerpo. Recordó aquella noche, hacía muchos años, en las fiestas de su pueblo, en la que, habiendo una apuesta de por medio, había acabado con el contenido de una botella de tequila. Le vino a la mente la mañana siguiente a aquella hazaña. Pues en aquel momento se sentía de forma similar. Pero peor.

Intentó enfocar la mirada, pero no era capaz de identificar nada de lo que la rodeaba. Despacio, con cuidado, apoyándose con ambas manos, se incorporó para escrutar a su alrededor. Lo que vio la dejó momentáneamente noqueada. Desde luego, aquella no era su habitación. Entrecerrando los ojos para protegerse de la escasa luz que se filtraba por una pequeña trampilla y que le quemaba las retinas, fue capaz de deducir que se hallaba en un sótano polvoriento, con cajas apiladas entre sinfín de muebles viejos. También pudo ver que ella se encontraba sobre una mesa en una zona que parecía haber sido despejada por el método de amontonar todo lo que antes allí había en un rincón.

De pronto un ruido, un vuelco al corazón. Una puerta que chirría al abrirse, un pánico descontrolado que sube por la espalda. Unos pasos que bajan escaleras, una mujer aterrorizada que se tumba sobre la mesa, que cierra los ojos con fuerza, deseando, paradójicamente, despertar.

viernes, 7 de octubre de 2011

Isabela Capitulo 8: Crónica de una muerte anunciada

Aviso: Este último relato que cierra la serie Isabela es el más oscuro y duro de toda la saga, con bastante agresividad y violencia. Avisados quedáis. A partir de aquí, el que decida continuar, que sea bajo su propio riesgo.



Isabela cruzó a grandes zancadas la verja ornamental y atravesó sin detenerse, casi de forma altiva, orgullosa, el florido jardín que daba la bienvenida, por lo general, a tristes visitantes. Cualquiera que se hubiera detenido a observarla, habría supuesto que se trataba de una viuda en duelo que iba a visitar a un esposo recientemente fallecido. Sus negros ropajes, ceñidos pero sobrios, la pamela negra y el ramo de flores, así la delataban.

Pero el observador anónimo que hubiera podido pensar tal cosa se equivocaba. Isabela sí vestía duelo, y aunque lloraba la perdida de un esposo querido, no lloraba su muerte. Él vivía, pero vivía lejos de ella.

Isabela recorrió las hileras de tumbas hasta detenerse frente al lugar de descanso que buscaba. El ramo que acarreaba la mujer se estrelló con furia contra la losa de mármol y las flores se desperdigaron por el suelo.

-Maldito hijo de puta –gritó la mujer a nadie en particular-. Eres un maldito hijo de puta, tenía que decírtelo. Lo jodiste, lo jodiste todo.

Isabela se derrumbó sobre el frío suelo y rompió a llorar mientras maldecía.

-Podíamos haber sido felices, pondríamos haber vivido una vida plena. Podrías haberte olvidado de mí. Tú también podrías haber sido feliz sin nosotros.

Las lágrimas de la mujer anegaban sus ojos y caían por sus mejillas formando ríos de amargura.

-Ahora lo hemos perdido todo, los tres. Y Guillermo será el que pague por nuestros errores. Por tu mala fe, por mi ingenuidad.